¿Quién mató el arte?
28 octubre 2009 sin comentariosCatalunya.-

La capacidad de los artesanos para ya no repetir procesos ancestrales, sino, sin perder este legado, experimentar, los sitúa en un territorio propiamente artístico.
Xavi Luesma remite la traducción al castellano del artículo publicado el el diario Avui el dia 29 de julio del 2009 de Oscar Guayabero y Claret Serrahima. Un articulo que como el mismo dice es una “interesante reflexión sobre el papel actual y la relación arte-artesania-ciencia-tecnologia”.
Sin duda es interesante esta propuesta que hacen estos dos diseñadores catalanes muy vinculados al universo artesano para que sin pudor lancemos una mirada nueva y sin complejos sobre la artesanía.
¿Quién ha matado el arte?
Claret Serrahima / Oscar Guayabero (Avui, 29 de julio de 2009)
El arte ha muerto, hace mucho tiempo. No somos expertos, pero ciertamente vemos que si el arte no está muerto, agoniza. La pregunta es: ¿quién le ha matado? ¿Suicidio? ¿Muerte natural? ¿Asesinato?
Creemos que ha sido un crimen, pero no tenemos muy claro si voluntario. El culpable es el mismo que ya hace más de un siglo mató a Dios: el tándem ciencia y tecnología.
Quizá podríamos hablar más de un virus que de una muerte violenta. La ciencia nos ha inoculado el virus de la realidad, de la búsqueda de la verdad, de buscar siempre el porqué lógico de las cosas. Todavía quedan muchas preguntas por responder, pero el método científico ha borrado del imaginario colectivo el oscurantismo, las supersticiones y todo un conjunto de creencias que intentaban dar respuestas a fenómenos no explicables a simple vista. Estos fenómenos que se atribuían a los dioses y que el arte explicaba.
Sin embargo, la fe ciega en la ciencia es tan peligrosa como el fundamentalismo religioso. Bueno, una vez Dios murió, en algunos ámbitos del arte lo sustituyó. Los museos tomaron el relevo de las catedrales y el arte, antes al servicio de la Iglesia, se puso al servicio de los directores de los museos. Nos acercábamos a las galerías con el silencio y la devoción de un creyente. La capacidad del arte como médium con el trascendente se hizo evidente. Con la aparición de las vanguardias a principios del siglo XX, los artistas
alcanzaron el rol de gurús capaces de llevarnos a un mundo mejor o al menos un mundo nuevo. El arte moderno se caracterizaba por su capacidad transformadora. “El arte puede morir, lo que cuenta es que
haya esparcido gérmenes en la tierra”, decía Joan Miró hace una pila de años.Con la posmodernidad y la pérdida de respuestas, la caída de los dogmas, la aparición del cinismo en el arte anula la capacidad de transformar porque ya no se cree ni él mismo. El arte deja de creer en el arte y muere. Son otra vez la ciencia y la tecnología las que toman el relevo y transforman el mundo constantemente. Por otra parte, la eclosión del mercado devorador hace de comisario mundial decidiendo
quién y qué se vende, y por tanto hacia dónde debe ir en el art. Ahora hay quien dice si toca arte social, arte de género o arte de concepto.
Con dichas tendencias del mercado, el arte ha dejado de ser libre.Y si el arte ya no es un mediador con el más allá, con lo trascendente, si también ha perdido su capacidad transformadora y ha dejado de ser un territorio de libertad, ¿qué queda?
El gesto, el trazo, la destreza, la habilidad, el gusto, la sabiduría, la experiencia personal, y sobre todo la experimentación. Esto es lo que queda y esto es, en el mejor de los sentidos, artesanía. Es decir, pintar una marina podía ser arte en el siglo XVIII, pero ahora es conceptualmente artesanía. Una vez que la industria ha usurpado gran parte del papel de la artesanía en la tarea de generar utensilios domésticos, ésta ha buscado otros territorios, la investigación plástica es uno. La artesanía ha aumentado sus pretensiones estéticas y artísticas y el arte ha perdido las suyas. Así pues, dónde está la diferencia? La capacidad de los artesanos para ya no repetir procesos ancestrales, sino, sin perder este legado, experimentar, los sitúa en
un territorio propiamente artístico.Otro camino es cuando el arte analiza, documenta y disecciona la realidad. Si el arte clásico retrataba la realidad, aparte de servir de propaganda y de descodificar misterios y mitos, durante las vanguardias los artistas ignorar la realidad para hacer una nueva.
Ahora lo que puede hacer el artista se decodificar, ya no el más allá, sino la misma realidad, cada vez más compleja. A veces con ironía, a menudo con crítica social, el arte puede ser un vehículo, no para buscar respuestas a nuestros problemas como sociedad-lo hemos dicho: ha perdido su capacidad ransformadora-, pero sí para plantear preguntas. El arte puede tomar el camino del cine, que ha encontrado en el documental una salida al agotamiento del formato. Funciona así como el levantamiento de acta de la realidad. Como notarios, los artistas toman nota de lo que a menudo no queremos ver pero que
tenemos ante las narices.La ciencia, la tecnología y el mercado son los nuevos dioses y han muerto el art. Descansen ambos en paz. Rellenamos los museos de ciencia, pero también de artesanos. Esquivamos el mercado con el amateurismo, utilizamos el arte para sacudir la realidad, a ver qué cae. Apropiarnos de la tecnología, así como la artesanía es el arte aplicado, hacemos del arte del siglo XXI tecnología aplicada.
Noticia publicada por talleresdearte y remitida por Xavi Luesma
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