Mercat de productes locals de Ibiza
14 diciembre 2009 sin comentariosBaleares.-
(www.diariodeibiza.es) La Asociación de Artesanía y Productos Locales de Ibiza reivindica la necesidad de crear una marca que identifique a los verdaderos artesanos de la isla
Muchas horas, incluso días y semanas, dedican a sus productos los participantes en el ´Mercat de productes locals´. Angy invierte mucho tiempo en sus tomates y lechugas, Miky puede esperar hasta quince días antes de ver a sus payesas totalmente acabadas, Rosario pasea por su casa recogiendo plantas para sus jabones y visita a su vecino para conseguir la lana con la que tejer sus chales. Todos son «artesanos de verdad», según repiten una y otra vez, algo que consideran que les diferencia de los vendedores de otros mercadillos. «Aquí no hay revendedores» es su mantra.
Lo dicen los 24 artesanos que atienden sus puestos y lo repite Franchesca Kirby, presidenta de la Asociación de Artesanía y Productos Locales de Ibiza (Aaple), mientras se aleja del mostrador lleno de manteles, gorros y belenes de tela para dar una vuelta por el mercado, que hoy durante todo el día estará frente a la iglesia de Jesús. «La idea de la asociación nació en el Casal de Dones», explica.
«Aunque también dejamos entrar a los hombres», bromea Vicky saliendo de detrás de sus botellas, lámparas y bombillas de cristal pintado. «Muestra de ello es que aquí estoy yo», se suma a la conversación Miguel Ángel Guillén, secretario de la asociación, que cumplira un año el próximo enero.
El Mercat es la primera iniciativa de la agrupación, de la que en estos momentos forman parte 30 artesanos y productores. «Aquí sólo aceptamos a gente que de verdad trabaje sus productos y que los cree aquí y con materia prima de la isla, principalmente», señala Franchesca, que garantiza que en los puestos no hay ningún producto «traído de India o Tailandia». La presidenta de la asociación tiene las ideas claras. Sabe perfectamente lo que quiere conseguir en el futuro: un mercado permanente de artesanos en la isla y una marca de calidad que identifique a los productos autóctonos.
«Esto es algo que Menorca ya tiene. Hay un logotipo, tienen un registro de artesanos y está muy adelantado, pero aquí no se está haciendo nada», comenta en referencia a las instituciones. En breve, promete que la asociación tendrá sus propios stands, para que todos sean iguales, añade esta mujer que lleva toda la vida dedicándose a vender en mercadillos. Ha estado en San Francisco (EEUU) y hasta hace poco, como muchos de los artesanos de este Mercat, aprovechaba el invierno para irse a otros mercados de la Península. Precisamente para que todos ellos, si lo quieren, puedan quedarse en la isla una vez acabada la temporada es por lo que tienen como meta conseguir un mercado abierto todo el año.
Lechugas, joyas y amuletos
«Estaría bien», comenta el secretario de la asociación, que es de los que sigue trabajando en el mercadillo de Recoletos, en Madrid, cuando los turistas dejan de llenar la isla. «Allí se vende bien, más que en Ibiza, pero estaría bien podernos quedar aquí todo el año», indica protegiéndose los ojos del sol con la mano. Franchesca recorre el mercado puesto por puesto para demostrar que en él no hay nada que los vendedores no hayan creado con sus manos.
Tras salir de debajo de su tenderete se dirige al de la finca de Can Mosson, donde las patatas y lechugas todavía huelen a tierra fresca y el aceite es denso y brillante. A escasos centímetros, el fotógrafo Jaume Riera muestra las imágenes de balladors y sonadors que ha captado en las fiestas de los pueblos de la isla. Antonio García está rodeado de bolsos, lapiceros, monederos y joyeros elaborados en piel.
A este mercadillo de Navidad no ha traído sus populares sandalias, a pesar de que con el calor que hace asegura que ha visto a «algunas personas paseando con los piesl al aire». A cada una de las piezas le ha dedicado muchas horas de trabajo hasta conseguir domar el cuero. África y su marido Antonio también necesitan muchos viajes a las colmenas para extraer la miel que llena las decenas de botes que apenas dejan ver la mesa. «Hay que conseguir que la gente deje ver la miel como un remedio y empiece a consumirla con más normalidad. Sirve para muchas cosas», comenta mientras vende un par de tarros.
Roberto Baruzzi está sentado junto a un panel con la portada del libro ´Amuletos púnicos de hueso hallados en Ibiza´, escrito por Jordi Fernández, José María López, Ana Mezquida y Francisca Velázquez. Después de leer el libro, este artesano decidió tallar en hueso estos amuletos y convertirlos en los colgantes que ahora muestra junto a vasijas elaboradas con corteza de calabaza. «La idea fue de Franchesca», confiesa señalando los recipientes, decorados siguiendo estilos africanos, mayas y chinos. El joyero David Gibert, de 28 años, también se inspira en la tradición ibicenca para sus pendientes, pulseras y colgantes. Los típicos botones, anillos con corazones y llaves y los pendientes que parecen relegados a las orejas de las abuelas cobran nuevas formas en su taller. «Hay piezas que parece que sólo llevan las personas mayores, pero si pones una piedra, su aspecto cambia», explica señalando unos pendientes. «Éste es el espíritu que buscamos en la asociación, gente con ideas nuevas que busque en las raíces de la isla y combine tradición con modernidad», señala Franchesca despidiéndose de David.
Con la lana del vecino Joan
Miky está encantada con el buen tiempo de este invierno. Sus piezas de barro secan antes. «En verano tardan diez días, pero ahora pueden ser hasta quince, a veces pongo en casa secadores para ver si va más rápido, pero con esta humedad es complicado», detalla antes de que la presidenta de Aaple se tome un descanso a la sombra del puesto de Rosario Neves, que elabora chales con la lana de las ovejas de su vecino, Joan, de Sant Llorenç. Las hierbas y frutas con las que elabora jabones salen de su propia finca. Leonel y Javier Medvdovsky son los chefs del Mercat. Leonel reconoce que ahora es más fácil encontrar productos de la isla para elaborar sus pasteles, galletas y pizzas que hace un tiempo. «Estamos creando una red de productos locales, la idea es que todo el mundo pueda comprar lo que necesita a gente de aquí», apunta la presidenta. «El truco para encontrar lo que quieres es usar productos de temporada», añade Leonel, junto al que Javier vende pan elaborado con harina ibicenca y mermeladas y confituras de la isla.
Lola y Encarna cortan y cosen mantones, flores, botas, caras, trenzas. Las dos venden muñecas. Las de Lola son payesas sonrientes que se sujetan el pañuelo de la cabeza con coloridas horquillas. Las de Encarna son aiuténticas hippies de los 60 que llevan botas de charol, pantalones de campana con bajos de ganchillo y flores en sus melenas. Enedina también usa hilos y lanas de colores, aunque en su caso son para bordar naranjos y algarrobos en cestos payeses y para tejer piezas con las que cubrir las tradicionales espardenyes. «Somos todos artesanos de verdad», insiste Franchesca al llegar al final del recorrido, donde Vicky, Ángela y Mónica salen de sus puestos para charlar con la presidenta de los artesanos. «Ella es el alma de todos nosotros, la que piensa, la que hace, la que se pelea», comentan las tres antes de darse cuenta de que casi todos los que se arremolinan junto a Franchesca son mujeres. «Pero yo sola no iría a ningún sitio», responde la impulsora del Mercat.
Noticia publicada en www.diariodeibiza.es y recopilada por talleresdearte.com
mercadeando

